15 buenas razones para cruzar el Atlas

1. IFRANE

15 buenas razones para cruzar el Atlas

Partiendo desde Fez, Ifrane es el primer meta. Pero hasta llegar a esta metrópoli construida por los franceses se atraviesan paisajes verdes, mediterráneos y frondosos. ¡Al carajo las ideas preconcebidas y los prejuicios visuales que describen a Marruecos con colores ocres!. Y ya la llegada a Ifrane remata el shock. Levantado durante el quehacer francesa próximo de las únicas pistas de esquí del nación, el ADN de Ifrane es alpino, con chalets puntiagudos, cafés señoriales y parques europeos (con los altavoces que transmiten la voz de los imanes incluidosh). El uno reducto local es la estatua al león del atlas, un fragmento de piedra tristísimo que recuerda a esta género extinta.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_5160_630x.jpg Los paisajes verdes de Ifrane

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2. BOSQUE DE CEDROS Y MONOS

Este anómalo bosque aparece tras unas pocas curvas de la N-13 y lumbre la deferencia por la acumulación de caballos vestidos de travestis que hay en las cunetas. Este interesado ámbito de transporte es una llamamiento de deferencia para bajar e investigar. Y de repenteh ¡monos! Sí, esos seres que consideras adorables y divertidos pero que en realidad son glotones y cleptómanos. Aquí habitan unos primos hermanos de los simios de Gibraltar y tienen más o menos sus mismas costumbres a la hora de interactuar con humanos y hacer el respetable intercambio de almuerzo por unas cuantas fotos. Y todo eso resulta enriquecedor para ambos bandos.

3. LA ITINERARIO 66 (VERSIÓN MARROQUÍ)

Tras superar las primeras laderas del Atlas aparecen los altiplanos, un paisaje yermo, desconsolador, apocalíptico y ávido. Si se da con la música adecuada (una sugerencia, el categoría malí Tinariwen), la senda se puede convertir en una género de itinerario 66 a lo marroquí, con ciudades polvorientas, cantinas donde no han visto a un forastero en cuatro lustros y niños en las cunetas que, o bien saludan, o bien quieren que pares para desvalijarte (esa renombre tiene, los pobresh). Incluso de repente se forman pequeños remolinos entre la nada. Hay hermosura en lo desolado, hay paz en un amarillo horizonte que a veces se rompe con la aparición de las cumbres nevadas del elevado Atlas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_5696_630x.jpg El impresionante canón del Ziz

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4. CAÑÓN DEL ZIZ

Que algo va a pasar kilómetros más adelante se presagia al atravesar Midelt, después Rich y sus sangrientas carnicerías y comenzar a subir. En lo más elevado del lugar familiar como Tizi Talghmet (o cuello de camello) comienza el valle del Ziz, que da la bienvenida con unas sobrecogedoras gargantas. Un meandro desnudo donde el agua es tan cristalina que se vuelve rosa (por los sulfatos del suelo) y donde da vértigo mirar a cada calceta. Siguiendo con la analogía yankee: Welcome to the Moroccan Grand Canyon (del rosado, no del colorado).

5. VALLE DEL ZIZ

Entre Er Rachida y Erfoud el Ziz pasa de ente una ordinario de agua para ente un río de palmeras. Porque creer que bajo de tanta frondosidad corre un arroyo es casi un acción de fe. El caso es que el Ziz traza unas gargantas donde lo más espléndido es disfrutar del disparidad del páramo con el verde de un oasis que mide más de 50 kilómetros de largo. Y la mejor manera es parando en el observatorio que hay encima de Taznakht y perder la vista valle bajo.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_3048_630x.jpg Erg Chebbi, un desierto a lo grande

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6. MERZOUGA

Desde que el célebre Ali, el cojo popularizara las excursiones al Sáhara desde Merzouga, este aldea es la perfecta estación de servicio previa a perderse por las dunas, con Riads acogedores y simpáticos como el Ouzine y unos equipamientos muy Pro, demostrando que al otro costado del Atlas además saben tratar al trotamundos.

7. ERG CHEBBI Y EL DESIERTO

Pero hasta los confines orientales de Marruecos se llega con el meta de pisar las arenas del Sahara y hacerlo a lo vasto, dándose de bruces con Erg Chebbi y sus impresionantes dunas de más de 150 metros de cota. Llegar hasta aquí no es un periplo y se puede hacer en Quad o en camello. Lo que sí que es pedestre es la ascensión hasta sus cotas más altas, todo un ejercicio extenuante que tiene la gratificación de las vistas y el disminución siguiente hasta los campamentos de haimas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_947_630x.jpg El Valle de Todra, una maravilla

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8. TINGHIR Y LAS GARGANTAS DE TODRA

A los pies del elevado Atlas surgen algunas de las formaciones y paisajes más impresionantes de Marruecos. Eso es lo que sucede con Tinghir, que bebe de las fuentes del Todra para formar un oasis que incluye una vieja Kasbah y una medina con barrio judío implícito. Pero Tinghir se abandona veloz por la juramento de las gargantas de Todra, único de los destinos domingueros de los marroquíes, que se acercan hasta esta fisura para disfrutar del agua. Sin decomiso, su verdadero encanto son las empinadas paredes de piedra que la ordinario ha erosionado y que se han convertido en una Meca para los alpinistas europeos. Hasta aquí llegan grupos con el meta de burlarse del inclinación y la gravedad compartiendo pequeños rellanos con esas cabras del Atlas que se pasan media vida bailando chotis sobre las rocas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_2726_630x.jpg El serpenteante Valle de Dades

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9. KASHBAS DEL DADES

El valle del Dades tiene dos formas de recorrerse. La primera es fijándose en las decenas de viejas fortalezas de adobe (Kasbahs) que se arremolinan a lo largo de este finísimo valle y oasis. Algunas como la de Imzzoudar son una verdadera postal mientras que otras a duras penas sobreviven a las lluvias que remotamente las derriten. Aún así, sus ruinas siguen teniendo un magnetismo ineludible.

10. VALLE DEL DADES

La segunda forma es disfrutando de un paisaje antojadizo a rabiar. El Dades no es solo una género de espejismo, además tiene rarezas como los dedos de mono, una educación rocosa que parece haber sido esculpida adrede imitando unas falanges gigantescas que emanan de la montaña. El valle se ve como jamás desde lo más elevado del mismo, observando los retortijones de la carretera y el hilillo de agua culpable de todo. además merece la tristeza investigar por algunas gargantas afluentes sinuosas donde parece que Petra va a aparecer de repente.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_473_630x.jpg Los estudios de cine más importantes de África

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11. VALLE DE LAS ROSAS

Este florido valle reúne los mismos ingredientes que el Dades (palmeras, paredes titánicas y kasbahs, muchas kasbahs) pero adornado con las rosas que en primavera maquillan el paisaje. Una explosión de colorido que justifica cruzar hasta aquí.

12. OUARZAZATE

Ouarzazate es la gran metrópoli al otro costado, la primordial detención de las caravanas que venían desde el Sahara y se dirigían hacia Marrakech y el residuo de ciudades imperiales. Y sigue actuando como tal, solo que el comercio ha descuidado un hueco grandecito al turismo y, sobre todo, al cine. Aquí están los estudios más importantes de África, lugares donde montan y desmontan cualquier escenografía desértico en un plis-plás y que sirven para aparentar cualquier nación árabe. Y sin decomiso, sus museos de cine no son gran objeto. Lo que sí merece la tristeza es hacer una detención en la Kasbah de Taourit y perderse tranquilamente en su medina tangente, lo uno auténtico que aún queda por aquí.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_3165_630x.jpg Ait Ben Haddou, una visita obligada

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13. VALLE DEL DRAA

El Draa es el ulterior gran valle al otro costado de las cumbres. No en vano, es el más largo, con 200 kilómetros entre Agdz y Zagora, formando una autopista de palmeras y fortalezas abandonadas, todas ellas con su adecuado fotón. Merece la tristeza su frondosidad, sus dátiles y su paisaje constantemente dicromático. Y al final: Zagora, otra puerta al desierto con restos de fortalezas almorávides que completan la brujería.

14. AIT BEN HADDOU

Pero entre las mil kasbahs que aún sobreviven en el este de Marruecos hay una que sobresale: Ait Ben Haddou. Tiene su culpita Hollywood, que la ha usado mucho que hasta ha construido una falsa puerta que embellece la ya de por sí atractiva contorno. Pero además su impresionante transcendencia en la itinerario nómada como enclave comercial. Su prosperidad pasada hoy se luce con sus diferentes Kasbahs que forman un Ksar inigualabe en el norte del Magreb. Y encima está muy bien acondicionada a las visitas, con un pequeño itinerario entre sus muros y a través de sus fortalezas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_5297_630x.jpg Tichka, el Marruecos más verde

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15. MONTAÑA DE TICHKA

El despedida en condiciones al Marruecos más auténtico se da subiendo el marcha de montaña de Tichka, que se corona a 2.260 metros de altitud (el más elevado de la cordillera). En su ascensión se deja detrás balcones, cultivos en terrazas y puestos ambulantes de fósiles asombrosos. Ya arriba, el paisaje es el de ese Marruecos verde que sorprendía en los primeros pasos por el Atlas, con verdor, cascadas y carreteras sinuosas.

GUÍA DEL VIAJE

El este de Marruecos se tiene que recorrer en coche. Lo más encomiable es hacerlo con un guía local como los de Marruecos Excursiones 4×4 que sepa conducir por estas carreteras y burlar los precios inflados de algunos establecimientos. Y de marcha, que pueden tener algún especificación como dejarte conducir por las primeras dunas del Sahara.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/marruecos_5874_630x.jpg Corbis

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