19 evidencias que demuestran que en septiembre mola viajar

1) Y aún hay sol, sí. Y lo mejor de todo: que es un sol menos mundial, lo que se traduce en menos personas en las playas, lugar en las terracitas y esa impresión característico de que, apurando esa última cerveza, se está mejor que cualquier otro ente humano en el planeta.

19 evidencias que demuestran que en septiembre mola viajar

2) No hay familias. Ojo, que esto no es un alegato a ayuda de las PANK o de los solteros con pasta. sencillamente los niños (sobrinos, primos, desconocidos) dejan de ente un componente inconstante, eléctrico e impredecible competente de robar siestas, heladitos terapéuticos o momentos de pies en remojo.

3) Todo es más económico . Los restaurantes sacan su escrito de cierto, la que está solo en español, en e y con la propina incluida.

4) Llueven las ofertas. Resulta que los hoteles, resorts, campings, aviones y demás no desaparecen en cuanto llega septiembre, así que se hacen notar con ofertas de esas a las que les sigue un pensamiento alarmista: lalgo malvado tendránr. Pues no.

5) Sí, hace sol peroh Se puede dormir, se puede pasear una metrópoli, se puede disfrutar un parque sin la obligación física e hidratante de tumbarse en el céspedh O sea, el universo se pone de acuerdo para devolver a la Humanidad su cabida de transporte pedestre.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/la_carta_de_manzanilla_9904_630x.jpg La escrito de Manzanilla

Manzanilla

6) Quien veranea el últimoh o esa dicha egoísta del que se sabe uno en el mundo, en la despacho, en el curro (en general). El mismo que apura el moreno hasta octubre y regresa con una sonrisa insultante entre la quemazón de la giro al labor.

7) El cierre. Los últimos coletazos de esos lugares de jolgorio estival que dicen ladiósr a la período en plan apoteósico, despilfarrador, con los últimos gramos de fuerza dedicados al recreo son y serán siempre un planazo (para el que lo sepa disfrutar).

8) Las últimas fiestas patronales. Ciudades como Albacete que se destapan como la última ocasión para desvariar, darlo todo y enterrar cualquier remilgo urbanita.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201323/chocolat_8211_968x.jpg Nada supera a una buena jarana patronal

D.R.

LAS CIUDADES SE PONEN GUAPAS

9) Y recobran su vida. Y lo hacen con suficiente optimismo y millones de coleccionables en sus quioscos. Sus habitantes recuperan poco a poco la costumbre pero con muchos propósitos entre los que se encuentra disfrutar más de su metrópoli. O sea, que las urbes notrora inanimadas- recuperan su ritmillo con la potencia post-vacacional, lo que hace de septiembre el mes impecable para visitarlas y contagiarse de su irrefrenable paso diurna y nocturna.

10) Hay un entorno fiestero pre-apocalíptico. O lo que es ídem, que Winter is coming por lo que las ciudades se echan a la vía para disfrutar de los últimas prórrogas de solecito, vestidito y manga corta.

11) La luz. Sí, es un acto poco verificable, pero la luz de septiembre es la más bonita del año, una combinación de la incandescencia amarilla veraniega y el azul sólido del invierno.

12) La memorándum se despereza, las exposiciones se renuevan, surgen festivales de cualquier objeto y los planazos culturales (unidos a la consiguiente gratificación gastronómica) vuelven a justificar un viajecito.

13) Aún no se ha transformado la hora, por lo que siguen existiendo las tardes outdoor, las terracitas y los planes con gélido. O sea, cunde.

14) Tus fotos de silueta vuelven a mostrar tu verdadero yo, así que mejor rodearlo de un marco exótico.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201426/en_las_montanas_2401_630x.jpg En las montañas

Corbis

VUELTA AL CAMPO

15) Comienza el otoño y, con él, el turismo moñas, el relajado, ese que hace de un parque un mar. La calaña se alía bajando las temperaturas y provocando la batacazo de hojas para dibujar espectáculos como el hayedo de Montejo (y la Tejera Negra) o la selva de Irati. O cualquier camino sin encharcar donde el desenlace del verdor es pura melancolía y hermosura.

16) Es período de escapaditas, de reencontrarse con capitales castellanas o con pueblos monumentales. De hacer de dos días todo un mundo. De obligarse a salir y volver sin querer volver tras buenos tragos, grandes comidas y paseos entre arte gótico y castillos.

17) La vendimia como pretexto irreparable para ir a las bodegas a mancharse de cierto y, amar, para siempre, esos paisajes desnudos, ocres y extremos. Cambiar, para siempre, la impresión que transmite el primer porrazo de vino en la nariz.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201342/hoteles_con_chimenea_186359798_1200x.jpg Sabuk Lodge (Laikipia, Kenia)

Corbis

18) Las primeras chimeneas y la literatura que prolifera a su incendio.

19) Vuelven las setas y su búsqueda como despliegue rural insigne, imprescindible y con una gratificación sabrosa a la que puedes arrastrar hasta al urbanita más recalcitrante.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201239/las_mejores_postales_de_otono_377847418_1200x.jpg Selva de Irati (Navarra)

Flickr/ carloswes

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