42 cosas que tienes que hacer en Francia una vez en la vida

1. Pasear París. Da idéntico cómo lo plantees. Aquí hemos hablado mil veces de París y nadie se cansa. Es la amante perfecta, la que no cesa de metamorfosearse, la que se reinventa, se aburre y se vuelve a inventar. Pero, sobre todo, la que es competente de embellecer cada instante, cada almuerzo callejera, cada rincón y cada ruina vieja. Por eso hay que pasearla superando la límite de los barrios con terquedad aventurera y culpar a este marco de la dicha suprema.

42 cosas que tienes que hacer en Francia una vez en la vida

2. Y diáfano, subir a la Torre Eiffel, pellizcar el cielo y maldecir sus escalones. Pero jamás cenar allí.

3. Recorrer como un demente el Louvre, bailar en el D’Orsay y aprender en el Pompidou.

4. Creer que en Montmartre se suda creatividad. Tratar de comprobarlo y de comprarlo. irrealizable.

5. Ponerse una peluca en Versalles y soñar ente un cortesano. Incluso imaginarse a único mismo persiguiendo un lechoncito histérico por los kilométricos jardines hasta encontrar el imperio de María Antonieta. Y ya volver a la realidad en los Grandes Apartamentos Reales, aunque tanta ostentación y mucho esplender sean tan imperial como engañoso.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/versalles_como_maria_antonieta_881_630x.jpg Versalles como María Antonieta

D.R.

6. Someterse a un chapuzón de color admirando las vidrieras de la catedral de Chartres.

7. Recorrer el norte de museo en museo, comenzando en el Louvre de Lens, pasando por el Lam de Lille para acabar en la asombroso Piscine de Roubaix.

8. Estar el día D a la hora H en las playas de Normandía para hacer un poco de turismo buscando las huellas de una de las batallas más cruentas de la historia. Y con esta inercia acabar en cementerios solemnes e inabarcables como el de Colleville-sur-Mer.

9. Disfrutar de las playas que aparecen y desaparecen por la costa Normanda. Comenzar una peregrinación irrealizable de tierra y sombrillas desde Calvados hasta Saint-Malo entre aguas limpias, nostalgias vintage y paseos marítimos de Art Nouveau.

10. No resistirse al Saint-Michel, pero siempre pasando más período observando incrédulo la isla desde sus diferentes miradores que sorteando turistas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/monte_saint_michel_4980_630x.jpg No te resistas a Saint-Michel

Corbis

11. Perderse entre los entramados de madera de las casas de Rennes para acabar brindando con una sidra en la mano y un par de crepes en el mantel.

12. Conducir sin receso por la rugosa piel de Bretaña, desde sus castillos fronterizos hasta su costa más artística y creativa, sin olvidarse de sus pueblos más carismáticos.

13. Pasear junto a un elefante mecánico gigante en Nantes. Y de marcha, descubrir porque es una metrópoli muy, pero que muy Hipster.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201344/nantes_2734_630x.jpg metrópoli hipster

Nantes

14. Descubrir la doble vida de Poitiers, desde su incorrupta metrópoli vieja a su modernísima Futuroscope.

15. Remontar el Loira de castillo en castillo para hablar de príncipes, de princesas, de concubinas y de cómo se puso de moda rozar la horterada sobre el cauce del río.

16. Desviarse ante cualquier advertencia de Chateau. Y si encima está rodeado por viñedos, mejor que mejor.

17. Reconocer a la identificable Burdeos entre su modernísimo urbanismo y sus famosos vinos.

18. Surfear por las costas de Aquitania y lpinchar’ la plancha en las dunas que reinan e entre Hossegor y Biarritz.

19. Navegar por la cala de Arcachon mientras se evitan pequeñas mentiras sin transcendencia.

20. Subir el Dordoña, seguramente el río con más eminencia y arte de toda Francia. indispensable parar en Bergerac, Sarlat y dejarse caer por su polifacético valle.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/subir_el_dordona_2239_630x.jpg Subir el Dordoña

Corbis

21. Subir, bajar y volver a subir en moto los puertos más míticos del Tour de Francia en los Pirineos, besando el suelo en cada curva y parando en pueblecitos con atractivo y mucha flema como Bagnerres de Bigorre o Saint Lary. Y si se cree, parar en Lourdes, pero esto ya es a deleite del trotamundos.

22. Probar el Cassoulet, esa género de fabada con pato. Mejor dicho, probar todo lo que se hace con pato al sur del Dordoña.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/cassoulet_3839_630x.jpg Cassoulet, el cocido gabacho definitivo

Corbis

23. Quedarse absorto ante el viaducto de Millau y, si hace un día nublado, atravesar las nubes como chute de adrenalina.

24. Circunvalar al menos una vez Carcassonne. Luego ya, si eso, conquistarla con la aguante por espada.

25. Perderse en los campos de lavanda de la Provenza.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/campos_de_lavanda_de_la_provenza_5374_630x.jpg Recorre los campos de lavanda de la Provenza

Corbis

26. Sorprenderse con las rarezas de Nimes: desde su impresionante anfiteatro romano hasta la romana Maison Carrée.

27. Desnudarse (porque lo dice el guión) en las playas del Cap d’Agde.

28. Brindar por esa Marsella renovada, por ese barrio de Le Panier, por esa capitalidad cultural tan bien llevada y utilizada y por Zinedine Zidane.

29. Pasear como un bendito fan por Cannes entre el esplender de la Costa Azul y la efusión por el cine.

30. Atracar en Saint Tropez (y no vender un riñón en el intento).

31. Conquistar Avignon, aquel pueblecito que quiso ente Roma y que se convirtió en metrópoli papal por un suspiro.

32. Buscar la oído de Van Gogh por Arles, mientras se sortea un anfiteatro romano y una infinidad de tiendas de orfebrería.

33. Comerse (literalmente) Lyon siguiendo el señal de Paul Bocuse.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/auberge_du_pont_de_collonges_paul_bocuse_1707_630x.jpg Auberge du Pont de Collonges-Paul Bocuse

Bocuse.com

34. lNavegar’ por las calles de ese bomboncito saboyano (y venecianesco) que es Annecy.

35. Suspirar por hollar el Mont Blanc mientras se acarician las cumbres desde el funicular del Aiguille du Midi.

36. Beberse la Borgoña, enamorarse de su pinot noir, de su (todavía) orfebrería vitivinícola, de su bruta y contundente gastronomía y de alguna que otra asombroso como Dijon.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/annecy_5276_630x.jpg Annecy

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37. Desviarse a Ronchamp para adorar -solo por un día- a Le Corbusier mientras se admira la inigualable iglesia de Notre Dame du Haut.

38. Bucear por las bodegas de la Champaña, para aprender un poquito sobre el vino jabonoso más célebre del mundo mientras, de marcha, se le desmitifica un poco, se le quita la ñoñería y se goza más.

39. Sentarse en los bancos para maravillarse más a deleite en tres pedazo de catedrales del norte del país: Metz, Nancy y Reims.

40. Naufragar en la preciosa Gran Isla de Estrasburgo.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/gran_isla_de_estrasburgo_6885_630x.jpg Navegar por las calles y canales de la vasto Île

Corbis

41. Endulzarse la vida en Disneyland París, que tampoco viene mal.

42. Y jamás, jamás, negarse a un vino y a un pedazo de queso, sea cual sea, venga de dónde venga.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201408/borgona_1222_630x.jpg Un picnic de queso y vino en Borgoña

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