Armstrong ganó 70 millones en el Tour de Francia

Poco queda de aquel Lance Armstrong recostado a pierna suelta en un grandioso sofá marrón oscuro con cojines rojos deleitándose con una visión única: en las paredes color crema de su salón en el caserón de Austin cuelgan siete maillots amarillos armoniosamente agrupados sobre cuadros de fondo negro. Esa fotografía lo decía todo. El varón vanidoso, un guerrero testarudo con sus trofeos, indomable luchador que se negaba a aceptar el tsunami de la emboscada destapada. Ya había publicado su alter ego, Travis Tygart, el informe que acabaría con su reputación de campeón, pero Armstrong se mostraba así de altivo en twitter en noviembre de 2012. Desde esa representación hasta hoy, diecisiete meses después, Armstrong es el mayor apestado de la historia del ejercicio. Ha perdido los siete Tours, ha itinerario Europa y América solicitando el indulto de todos aquellos a los que insultó o vilipendió públicamente, y en ese calle crucis planetario al texano solo le queda proteger el dinero que ganó. La última publicación de un libro publicado sobre él, «El viaje de un bastardo», aporta nuevos documentos sobre la inmensa fortuna que amasó durante su reinado.

Los periodistas Reed Albergotti y Vanessa OConnell, del «Walt Street Journal», han ampliado en Francia la publicación del libro que lanzaron en Estados Unidos, «Wheelmen». Armstrong tenía un salario base de tres millones de dólares en 2001, que se incrementaba en ámbito millón cada invierno. La agencia Tailwind Sports, propiedad de Mark Gorski y Thom Weisel que controlaba el US Postal, le premiaba con un bonus de 10 millones de dólares por cada Tour de Francia que conseguía. Más de 70 millones en siete años solo en el Tour. Esto obligó a los dueños del conjunto a invertir muchos millones en pólizas de seguros. Según cuentan los autores en el libro, cubrieron el peligro hasta cinco millones, pero rentabilizaron los éxitos del americano exprimiendo al patrocinador primordial, US Postal, y llegando a acuerdos con otras firmas comerciales que se asociaron al conjunto , como Yahoo, vuelta, Shimano o la rúbrica de bicicletas Trek, siempre ligada a Armstrong.

El ciclista no fue el uno que se lucró con un sistema tramposo de transfusiones de sangre, EPO y anabolizantes tutelado por el feliz doctor Ferrari, aquel que dijo que «una inyección de EPO no es más peligrosa que un zumo de naranja». La agencia Trek admite, en un carné que aportan los autores, que las ventas de sus bicicletas se incrementaron en un 143 por ciento entre 2000 y 2005. único de los ejecutivos de Trek, Andrew Morris, admite en un correspondencia enviado a John Burke: «Yo no pondría la mano en el incendio para decir que Lance es completamente limpio».

El consumo del US Postal era, según Albergotti y OConnell, de diez millones de dólares en 2002. Gracias a los éxitos del ciclista texano en el Tour, el presidente de Tailwind, Thomas Weisel, llevó a cuerda un recargo de capital para incrementar la capitalización y el precio de la acompañamiento. Armstrong hacía ganar dinero a todos. El delegado del galería, Bill Stapleton, dijo en una diálogo en 2005 que «Lance jamás ha tomado drogas para mejorar su rendimiento».

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