«Condenados a la hoguera»: la breve vida de los líquidos que no pasan el control del aeropuerto

Agua, jarabes, cremas, lociones, perfumes, champús, desodorantes o aerosoles. Son algunos de los líquidos que, llevados en el equipaje de mano, no pasan el calceta de control en los aeropuertos si no cumplen con la normativa comunitaria de «presentación» y suma establecida.

Fue a partir de 2006 cuando se implantó la norma en los aeropuertos de la UE con el meta de conseguir una mayor certeza frente a los explosivos líquidos y, desde entonces, muchos pasajeros han visto cómo sus preciados cosméticos o productos se perdían en las entrañas de los aeropuertos por superar los 100 mililitros o por no ir en el interior de una bolsita de plástico.

La práctica ha acto que los viajeros tengan más recursos a su colocación como la venta en supermercados de packs con recipientes específicos o la establecimiento de puntos de paquetería y remesa antes de los puntos de control en los aeropuertos, pero cuando a los pasajeros no les queda más solución que despedirse de sus posesiones, el destino de estas pertenencias pasa de una semana en la playa calentándose debajo el sol por ejemplo al del achicharramiento en el crematorio.

Y es que en España el viaje desenlace de todos estos productos tras su confiscación lleva siempre al mismo lugar. Cada aeropuerto contrata a una agencia externa para que recoja todos los recipientes con sus respectivos líquidos y, a partir de ese instante, su camino ya sólo les depara el ente incinerados. No se lleva un procedimiento especial, como sí ocurre casi como excepción en otros aeropuertos extranjeros.

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