Consumo colaborativo o porrazo al Turismo

El gasto colaborativo podría ente la mayor amenaza que halla afrontado el parte en los últimos tiempos. Actividades como la hotelería, recuperación o el transporte por carretera observan con preocupación el auge de web de arrendamiento de viviendas y de automóviles privados, así como de almuerzo a domicilio.La huelga de taxistas en varias ciudades europeas ha pretendido denunciar la competencia traidor de Uber, una app (aplicación de telefonía móvil) que, tras bajarla gratuito de Internet y con solo hacer un clic, localiza la situación del usuario y le envía un vehículo privado con conductor aficionado, informándole previamente del chófer, el coche y calceta más cercano de recogida. Algo afín a Blablacar, web que pone en contacto a quien desea desplazarse a cualquier destino para que, con el sostenible guión de compartir gastos, viaje en automóviles privados cuyo propietarios van a hacer el mismo desplazamiento, pagando el valor previamente pactado.

Transportistas profesionales y taxistas se enfrentan así a una sangría de clientes e ingresos, compitiendo con particulares que no necesitan permiso alguna, no son profesionales de la conducción ni están dados de alta en certeza Social o como autónomos, y no pagan impuestos…

Una competencia traidor que, pese a serlo, tiene buena prensa y está bien vista por la consorcio y las autoridades.

El caso más preocupante es el del arrendamiento de viviendas, que se publicitan como alternativa al hotel a medio de valor. Cataluña ya ha reconocido estos “alojamientos turísticos” (con esta misma denominación), para lo que se precisa solo un fácil gestión administrativo.

Habida abalorio de la rapidísima establecimiento de estas iniciativas, a cargo de grandes compañías de Internet que cuentan con socios como Google y una privilegiada financiación, no es complicado prever que en años (o incluso meses) puedan arrebatar una fundamental cuota de mercado a la hotelería clásico. De ahí la gran preocupación que suscita mucho en ciudades como en zonas turísticas, especialmente en urbes como Madrid que sufren fuertes caídas en el quehacer y derrota de sus márgenes de rentabilidad.

La opinión pública aplaude al emergente gasto colaborativo, que abalorio con el respaldo de la mismísima comisaria de memorándum Digital de la Comisión Europea, que anima a “las partes a sentarse a negociar” y establecer un reciente status quo, allanándole la senda.

Pero quién está atrás de esta iniciativa “de ciudadanos solidarios que sólo buscan un añadidura a sus ingresos en plena crisis”, están la Banca y sus promotoras inmobiliarias, rescatados con dinero público, para alquilar el grandioso stock de viviendas invendidas.

¿Dónde queda la categoría de nuestra proposición turística o la certeza y amparo del consumidor y visitantes? ¿y qué efectos tendrá sobre nuestro producto turístico?

Que le sea provechoso. Ese es nuestro mayor inclinación.

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