Diez propósitos viajeros de Año reciente que seguramente no cumplirás

1) Llevar un cuadernito de viajes (por ayuda, no Moleskine) en el que anotar las visitas que se hacen y qué se come en cada lugar para en unos años poder recordar claramente ese término de semana fascinante en Roma o poder recomendar con datos y direcciones aquel restaurante fabuloso de Tokio que encontrasteis por azar. Hay que tener regalo que el meta es no sólo meter en la maleta el álbum, sino que éste no vuelva en blanco.

2) Seleccionar, clasificar e imprimir las fotos de viajes. Tener un millón de fotos posando ante el crepúsculo en esa playa caribeña es mucho como no tener ninguna. No hay que conformarse con instagramearlas o publicarlas en Facebook. Piensa que si un temible virus ataca tu ordenador o éste se da por vencido tras unos años de empleo enérgico no tendrás copias de certeza (sabes que no las tendrás) y te quedarás sin recuerdos que enseñarle a tus nietos. Si eres hábil, scrapbookea (bueno, tal vez esto sea excesivo ambicioso).

3) No volver a facturar maleta jamás más. Equipaje de mano siempre. Piensa en optimización del sitio y en prendas polivalentes. Piensa en tu espalda. Piensa sobre todo en el drama de los bártulos perdidos y en las interminables esperas al márgen del ofensiva de ansiedad junto a la cinta transportadora.

4) No volar en Ryanair (ya, te lo propones cada vez que chocas con ellos pero siempre acabas cayendo).

5) Hacer una lista de esos destinos soñados que no quieres morirte sin visitar. Elige al menos único y proponte seriamente tacharlo de la lista a lo largo de este año.

6) No comprar souvenirs absurdos e inútiles pero sí volver de cada viaje con algo que no ocupe tanto, que sea hermoso de cierto y que encaje en tu vivienda o en tu ropero para así, cuando alguien te comente lqué plato / mocador / billetero / vaso tan bonitor puedas contestar con tu mejor viento experimentado lLo encontré en un mercadillo de Estambul / Buenos Aires / Le Maraisr.

7) No irse de ningún destino sin visitar un mercado o un supermercado. Comprar algo que te llame la deferencia comestible y exótico para probarlo en vivienda, mejor si no sabes muy bien qué es idénticamente.

8) Reservar y planificar los restaurantes guays que quieres visitar sí o sí; si lo dejas para última hora puede que te encuentres comiendo un bocata costoso y malvado en el club de un museo.

9) No emborracharse en exceso la primera noche de llegada al destino (esto es sobre todo aplicable para los destinos españoles) y evitar así pasar el segundo día con resaca y mal ingenio. Sobre todo móderese la ingesta de sidra/rioja/finos/agua de valencia.

10) Elaborar una lista de libros y películas que estén ambientados en el cercano destino para poder disfrutar anticipadamente de la práctica y hacer que esta sea más intensa cuando se estén recorriendo las calles del destino con Anna Karenina o Michael Corleone en la cabeza. No es esencial volver a ver Amélie si se va a París y la lectura del Ulises cuando se va a Dublín, si bien encomiable, no es obligatoria.

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