El drama de los enchufes en los hoteles (y cómo tratar de evitarlo)

lMe ato los zapatos y la infelicidadr, escribió Cortázar. O algo así. La infelicidad está agazapada atrás de las pequeñas cosas. Tras de las grandes se esconden los traumas y los dramas, pero la infelicidad, la auténtica e inexplicable infelicidad, es bienes de lo pequeño: de unos zapatos sucios en el metro, de un plato de pasta pasado o de un conectador ausente.

Los enchufes. Son unos artilugios pequeños y feos pero capaces de controlar nuestro ánimo. Del conectador depende de carguemos del portátil para recibir (o no) ese Whatsapp que esperamos (y al desenlace terminaremos escribiendo nosotros), de que podamos entregar textos como éste a período y de que nos sequemos el cabello y no parezcamos perritos abandonados.

He aquí cinco situaciones hotelero-enchuferas que nos pueden sacar de quicio. Que nos sacan.

POCOS ENCHUFES

En la EBM (Era de la Batería Menguante) en la que vivimos esta es una obviedad. Los necesitamos a puñados. Y no pedimos único cada diez metros de corredor porque eso es gula. Bueno, sí, lo pedimos.

MAL SITUADOS

Tan mala como la escasez es la carencia de ojo. ¿Para qué quiero diez enchufes pegados a esa lámpara que no voy a encender junto a la ventana y ninguno en la mesa de labor a la que voy a tener que estar encadenada?

ESCONDIDOS

A veces entran ganas de llamar a Sherlock (a ente dable en versión Cumberbatch) para que averigue dónde diablos han colocado el conectador . Suelen estar atrás de una cama pesada. En ese caso hay que llamar a alguien que haga crossfit ( o quizás Cumberbatch pueda) para que la mueva y podamos enchufar lo que toque enchufar.

A CADA DESTINO, SUS AGUJERITOS

A veces la deber es del hotel y otras no. Nuestro etnocentrismo nos empuja a pensar que el mundo completo se enchufa con dos agujeritos redondos. Craso lapso. Ya que somos tan viajados: ¿por qué no guardamos todos los adaptadores que hemos ido recopilando/robando/comprando de todos nuestros viajes?. No ocupan y no tendremos que suplicar en recepción por único de ellos. Ni salir a Radio Shack a pagar por único lo que un abrigo de marta cibelina. Hay veces que venderíamos a nuestra querida madre por un adaptador.

¿UNA ESTACIÓN PORTÁTIL CON ENCHUFES A GOGÓ?

Hay personas, sabedora de la EE (Escasez Enchuferil) que viaja con ella, pero creo que hay que dejar el labor para los señores hoteleros. A una cena a vivienda de un amigo no llevamos el lavavajillas. Pues eso: que piensen ellos. también, una estación de esas ocupa lo que un par de zapatos. Aunque esos zapatos nos van a sobrar si no podemos leer ese Whatsapp que estamos esperando porque tenemos el portátil sin batería.

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