«El viaje a ninguna parte»: los cómicos vuelven a casa

La acompañamiento de Iniesta-Galván, una familia de cómicos que lleva sus obras de teatro itinerantes por los pueblos de la España de los años cincuenta, nació en la radio, pasó después a las páginas de una novela y más tarde protagonizó una película. Su padre fue Fernando Fernán Gómez, que embarcó a los cómicos en «El viaje a ninguna parte». Les faltaba su hábitat corriente, el teatro. Y a él han llegado de la mano del Centro Dramático patrio. Hoy se estrena, en el teatro Valle-Inclán, la versión escénica de la novela; la ha efectuado Ignacio del Moral y la ha dirigido Carol López, Conforman el reparto hospitalidad Fernández, Antonio Gil, Andrés Herrera, Olivia Molina, José Ángel Navarro, Tamar Novas, Miguel Rellán (ya participó en la película) y Camila Viyuela.

«Fernando Fernán Gómez es una figura principal del teatro español del centuria XX», asegura firme Ernesto Caballero, director del CDN. «Para toda una progenie -añade Del Moral- esta es una historia cercana, conocida. Es una historia impresionante , en especial para la personas del teatro, porque es además un homenaje a ellos. El teatro es su ambiente corriente. Fernán Gómez era un personaje proteico, y ha sido sencillo recuperar el brío y la potencia que tiene la novela. Esta tiene, también, la fuerza del conversación, y la adaptación no ha tenido en este significado mayor dificultad».

Fernán Gómez no solo escribió una historia de cómicos. Dice Del Moral que «El viaje a ninguna parte» es «una artículo del transformación de los tiempos, de la desaparición de una manera de ejercer la oficio, arrinconada por el auge del cine, la radio y otros entretenimientos, y además un retrato de la vida rural en plena dictadura franquista, en unos tiempos de apetito, miseria y pobreza espiritual y cultural, poblado por unos personajes, ámbito artistas ámbito pícaros, que aman y odian su profesión a partes iguales». «Todos los días nos inventamos una oficio que se está muriendo antes de que Medea naciera», sentencia Andrés Herrera.

Esa encrucijada es además la que viven las artes y la erudición actualmente, y el espejo que preside el escenario refleja la hoja simbólico de los cómicos de «El viaje a ninguna parte».

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