En busca de la tumba del Inca Atahualpa

Aquel 25 de julio de 1533, cuando el Inca Atahualpa fue realizado en Cajamarca, dicen que Pizarro lloró su defunción. Lo verdad es que el cadáver del ulterior emperador Inca desapareció pocos días después de ente enterrado en la iglesia de felicidad localidad. Es único de los episodios más misteriosos y crueles de la historia de Hispanoamérica. Por un costado, el señal del cadáver de Atahualpa se desvanece en la selva cuando sus súbditos se lo llevaron para momificarlo y enterrarlo junto a un enorme tesoro, según la epopeya. Por otro costado, esa tumba ha sido único de los lugares más buscados durante cinco siglos por los cazatesoros.

Hace apenas una semana un conjunto multidisciplinar puede haber encontrado esa tumba. O lo que queda de ella. Si su intuición es cierta, los restos de Atahualpa no están en Cajamarca, ni Cuzco, ni Machu Pichu; ni siquiera en Perú. Se encuentran en Ecuador, en el paraje en donde la selva del Amazonas escala la vertiente oriental de los Andes. Allí, a pocos kilómetros de Baños de Agua Santa, en medio de la nada, han encontrado una grandioso tabique inclinada de piedras talladas y ajustadas, de 80 por 80 metros, algo así como un lateral de una pirámide, con un inclinación del 60%. Se ha especulado con la cometido que podría tener un ambiente como este, incluso si tuviera relación con antiguos sacrificios incas.

El ambiente es de una gran hermosura, según relata a ABC Benoit Duverneuil, único de los miembros destacados de este conjunto que ha logrado documentar el descubrimiento gracias a la sistencia de drones, desde el viento, y después de una complicado caminata entre los miles de torrentes que alimentan el nacimiento de la mayor selva del mundo. «Las manera de los sillares es problemática. Son enormes, algunos parecen sellados perfectamente, y otros erosionados. Es complicado determinar si todo el lugar ha sido construido por el varón o en partes es corriente. El cerrado es impermeable, por lo que único puede suponer que podría haberse enterrado algo debajo».

La epopeya de Atahualpa arraigada en Ecuador, está conectada con esta área de la selva, llamamiento Llanganates. Sin decomiso, hasta ahora casi todos los exploradores en busca de la tumba del Inca siguieron el llamado «Derrotero de Valverde», un texto que indicaba la senda continuo por las hordas de Atahualpa en su ulterior viaje, supuestamente carta por un español y destapado por un botánico británico, Richard Spruce. también la prestigiosa investigadora Tamara Estupinan afirma que la tumba podría estar en otra provincia ecuatoriana.

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