Guía viajes Brasil, Sudamérica

La vida en Brasil se vislumbra en tecnicolor. Verde, azul y amarillo se entremezclan en sus interminables junglas tropicales y en sus cosmopolitas ciudades, una amalgama de brillantes tonalidades que intensifican con cada alba la dinamismo de este descomunal nación. Sin incertidumbre, Brasil es arrebatadora calaña, incluso sus soleadas urbes la respetan como si de una diosa madre se tratara otorgándole un paraje privilegiado en su topografía. Es ella la que ha marcado su historia y es ella la que aún hoy acompasa sus pasos hacia un porvenir del todo sostenible y tropical. Precisamente un árbol familiar como Pau-Brasil, del que se extraía un anómalo colorante rojo, un color más, es el germen de su exótico nombre.

También podría catalogarse de tinte la arrolladora contento con la que contagian sus gentes a todo aquel que se deja caer por esas latitudes. Una sonrisa siempre acompaña a sus habitantes, que pese a hablar un lengua corriente, el melódico portugués, por sus venas corre la sabia de un millar de procedencias, una mezcolanza que ostentan con vanidad. De raíces europeas e indígenas, su esplendoroso pasado clava sus cimientos en el tesoro cultural de su romántico periodo real y en las costumbres de los pueblos que presenciaron el desembarco en sus costas de las primeras flotas portuguesas.

Río de Janeiro eclipsa con su colorida historia al residuo de urbes del nación. Sus playas, con Ipanema y Copacabana a la cabeza, son el eden terrenal para sus habitantes, los presumidos cariocas. Cada año, con la llegada del carnaval, toda la metrópoli se echa a la vía, siendo el centro neurálgico de todo el cotarro el renombrado sambódromo. El skyline de Río lo dibujan sus bloques de apartamentos alineados, el Pan de Azúcar y el Corcovado con su siempre guardia Cristo Redentor, los montes que abrazan a la metrópoli en un panorama sencillamente espléndido .

Fue en 1960 cuando Río cedió la capitalidad de Brasil en ayuda de la recién inaugurada Brasilia, una metrópoli surgida de la selva y proyectada para albergar las grandes instituciones que condensarían el potencial del nación en un zona metropolitana en manera de avión, donde los motores ficticios de el pabellón acogerían los edificios gubernamentales que harían despegar a Brasil. Su primordial arquitecto, Oscar Niemeyer y el urbanista Lúcio Costa crearon una de las capitales más jóvenes y modernas del mundo, merecedora a las pocas décadas de su nacimiento la catalogación de la Unesco como bienes de la Humanidad. Solo hay que echarle un ojeada a su catedral metropolitana o al Congreso patrio para aplaudir la selección.

São Paulo es la metrópoli más poblada de Brasil y la más fornido económicamente, para los brasileños es ‘la metrópoli que no puede parar’, y para el residuo del mundo el paraje donde hacer negocios en Iberoamérica. además con una marcada esencia europea, la modernidad ha acto que se expanda hacia el cielo, llenando su topografía de pequeños y relucientes rascacielos.

Salvador de cala , que fue conocida por los apelativos de ‘ciudad de la alegría’ por su gran cifra de fiestas o ‘Roma negra’ por su extensa demografía afroamericana, completa el encabezamiento de urbes brasileñas. Al márgen del océano, Salvador de cala es una distinguido metrópolis con un rico pasado colonial, es la metrópoli más antigua del nación, y un intachable porvenir como puerto cultural y turístico.

Finalmente, y volviendo al comienzo o, mejor dicho, al comienzo, la selva amazónica, el bosque tropical más extenso del mundo, aún por explorar plenamente en su esencia, se extiende inalterable al marcha de los siglos por la mayor fragmento por región brasileño, llenando de vida corriente el alma del nación. Pero el valle del Amazonas no es la única maravilla corriente que esconde esta arena, los parques nacionales de Brasil encierran tropel de ecosistemas únicos en el mundo, siendo único de los países con mayor biodiversidad del planeta. El Parque patrio de Iguazú, con sus impresionantes cataratas, o el Parque patrio do Monte Roraima, con las montañas más antiguas de la arena, son un rotundo modelo de ello. decididamente, Brasil es verde, azul y amarillo, como su bandera.

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