Julio Cortázar en tránsito

BARCELONA

Aunque nació en Bruselas, Cortázar pasó sus primeros años en Barcelona viviendo (irónicamente) en la vía República Argentina. Explicaba en una diálogo que, la primera vez que visitó el Parque Güell, tuvo una intensa impresión de dejà vu. Como sabía que había vivido allí de pequeño, le preguntó a su madre si le había llevado algún día a ese paraje. lÍbamos ahí casi todas las mañanasr, le respondió por teléfono, les por eso que te acuerdasr. Como era tan pequeño, no era competente de identificar el nombre o la construcción del parque, pero sí reconocía olores y colores, especialmente los trencadís de Gaudí. Desde entonces, fue siempre un gran admirador del arquitecto y de su labor.

BUENOS AIRES

Hay lugares a los que único siempre vuelve. Para Cortázar ese paraje fue Argentina, un nación en el que creció y formó su naturaleza . Vivió en Banfield, un aldea suburbano de Buenos Aires y fue maestro en Bolívar y en el municipio bonaerense de Chivilcoy. Decía Cortázar, que adoptó la ciudadanía francesa en desprecio a la dictadura argentina, que sólo quería a este nación de noche. No obstante, en su labor hay muchas referencias al mate, a los discos de Julio de costoso, a los paseos por el puerto y a los flamencos en Tupungato. Los argentinos cambiaron el nombre de la Placita Serrano, que aparecía regularmente en sus cuentos, por el de Plaza Julio Cortázar. Y según el escritor argentino Carlos Polimeli, el día que murió Cortázar hubo una invasión de mariposas de colores sobre Buenos Aires.

GALICIA

Aunque os sorprenda, único de los platos favoritos de Cortázar era el pulpo a la gallega. Acompañado de un buen vaso de vino y en una bonita terraza de Santiago de Compostela, como lo leéis. Conoció Galicia de la mano de su primera esposa, amanecida Bernárdez, que tenía familia en España y había vivido en Lugo. El paraje preferido del escritor era Lourido, en Pontevedra, porque le permitía pasear entre pinares y dormir con vistas al Atlántico. A él le encantaba el paisaje de esta comunidad, especialmente el que mostraba el tren que seguía al río Miño. Su relación con esta arena además se plasmó en su labor, ya que muchos personajes se inspiran en exiliados gallegos que conoció en Buenos Aires.

JAIPUR

Cuando visitamos algún monumento turístico, la mayoría no nosotros tomamos alguna foto o escribimos en un álbum las sensaciones que nos despierta. Pero Cortázar, también de esas cosas, además escribía poesía. Buenos, no sólo poesía. Porque único de sus textos más célebres, inspirado en el mirador astronómico de Jantar Mantar, no se adapta a ninguna grupo literaria concreta. O se adapta a todas, según se mire. Este mirador indio, que fue construido por el maharajá Jai Singh II en 1728, es bienes de la Humanidad de la UNESCO e incluye hasta catorce esculturas que siguen el movimiento del sol, predicen eclipses y sitúan estrellas en el cielo. En la India, Cortázar además se sorprendió de la gran suma de fotógrafos que había por las calles. Tal vez por eso tomó hasta 300 fotografías del mirador. Y eso que todavía se usaban los carretes analógicos de 36 fotos.

NICARAGUA, CHILE Y CUBA

Viajar no es sólo visitar lugares y conocer gente; además es involucrarse socialmente en aquello que se descubre. Así le pasó a Cortázar cuando visitó Cuba en plena revolución, cuando experimentó las vulneraciones de derechos en Chile (se volvió activista para el Tribunal Russel II junto a Gabriel García Márquez) o cuando decidió irse a vivir a Guatemala y denunciar los abusos de derechos humanos. Intentó evitar así las ldefensas de cafér, que es como se conocían esas reuniones con amigos en las que se critica una posición pero no se toman acciones. Para él, viajar es además descubrir nuevas maneras de pensar, aprender y participar.

LA COSMOPISTA

Por raro que parezca, único de los destinos favoritos del escritor era la autopista. l¿Por qué soñar en ente astronauta si se puede ente (auto)nauta?r, debía decirse a sí mismo. No es que Cortázar amara los coches y el pavimento (aunque admiraba su Volkswagen rojo, llamado Fafner) sino la metafísica misma del recorrido. Es como si, de pronto, aquello más fundamental sea el itinerario de un tren inaudito, el período volando encima de las nubes o las charlas con desconocidos en circulación. Es por ello que decidió iniciar una travesía de París a Marsella con Carol Dunlop, su tercera esposa, parando en gasolineras, arcenes y estaciones de servicio durante 33 días. Como si aquello en realidad fundamental fuera el viaje, no el destino.

PARÍS

Bueno, realmente, no tendríamos que decir París, así en corriente. Porque lo que en realidad adora Cortázar es el Quartier Latin. Ese fragmento parisino que se expande desde el Boulevard Jourdan (aquí es donde empieza Rayuela) hasta encontrarse con el Sena a la cota de Notre Dame. Los cafés de estudiantes, las librerías de segunda mano, los bares de jazz, los paseos al costado del río y los vendedores de las bouquinistes conforman su universo gabacho. Él mismo vivió en la vivienda Argentina de la Cité Universitaire, un grupo de residencias internacionales con estudiantes de todo el mundo. Este idea post-bélico, que influenció su pensamiento pacifista, abalorio con edificios de Le Corbusier y Lucio Costa. Hoy en día, el cuerpo del escritor descansa al costado del de Carol Dunlop en el camposanto de Montparnasse, muy próximo de las tumbas de Sartre y Beauvoir. Dice la costumbre que quien lo visita debe dejar una copa de vino encima de la tumba y un pequeño per significativo papel: el de una rayuela dibujada a mano.

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