Las tribus más fascinantes de Etiopía (I)

Había leído libros, visto un millón de fotos de aquellas tribus y sin decomiso, nada me había dispuesto para encontrarme con la ojeada dura, casi primitiva de un Mursi, nada para la escena en que las Hamer reciben fuertes latigazos por fragmento de sus hombres como fragmento de un raro ritual de amor, nada para deambular por mercados atestados de individuos con cuerpos pintados, tocados de plumas, cabellos untados en arcilla como si de un museo viviente se trataseh y sobre todo nada me había prevenido para encontrarme con aquel niño de las clan de los Karo que se aferró a mi mano como queriendo fundirse conmigo y me pidió con los ojos que de alguna forma no saliera de su vida.

Las tribus más fascinantes de Etiopía (I)

“Highland, highland” corea unánimamente el categoría de chiquillos semidesnudos que nos reciben a la inicio de la pueblo, apuntando a nuestras botellas de agua. A lo largo de nuestro viaje comprenderemos que las botellas de plástico son único de los tesoros más preciados para las tribus del valle del río Omo, con ellas transportan la leche o guardan la miel; además, que Highland no es sino una de las marcas de agua embotellada más populares del sur de Etiopía. A grito de lHighland, highlandr empezaba casi irremediablemente cada una de nuestras visitas a alguna de las aldeas que jalonan este inextricable valle.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/mujer_hamer_9869_630x.jpg hembra de la clan Hamer en su choza de madera

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HAMER

Ellos son los más bellos con sus esbeltos y sensuales cuerpos y sus finos rasgos salidos de ninguna fragmento; ellas, las mujeres más cotizadas de la territorio por su elaborada parafernalia de hermosura. Los Hamer son de las tribus más hospitalarias y abiertas de todo el Valle Omo, casi los únicos que permiten asistir a los extranjeros a una de las ceremonias más impresionante que jamás haya visto, el llamado lSalto de la Vacar, el lUkulí Kulár, la conmemoración de la maduración del hombre en la que éste se convierte en guerrero y adquiere el derecho a casarse. Para obtener este estudio, el lukulír, el saltador, deberá saltar al menos 4 veces una línea de 10 vacas ante la ojeada expectante de toda la comunidad.

La algarabía de cascabeles y cornetas es ensordecedor en la explanada elegida por los Hamer para la acto del lSalto de la Vacar aquel desenlace de tarde de un bochornoso día de octubre. Las mujeres bailan y cantan exhibiendo sus intrincados peinados de arcilla ocre y sus faldas de piel de cabra rematadas con piezas metálicas. En el cuello, la gargantilla con una protuberancia que las distingue como primera esposa (dotada de un estatus social más elevado) o aquel sencillo que portan las segundas mujeres (los Hamer son polígamos). Los varones, que lucen vistosos tocados de plumas de avestruz en la cabeza, aguardan sentados o bien dando apoyo al lsaltadorr, protagonista innegable de este instruido ancestral.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/hamer_9422_630x.jpg Preparación para la jarana Hamer del brinco de la vaca

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Las mujeres azotadas

Y entonces ocurre: una hembra Hamer se acerca bailando a único de los jóvenes sentados levantando hacía el cielo su corneta. Éste se levanta y empuñando una fina palo de arbusto le propina un fornido latigazo. Un choque seco y fornido, que casi me duele hasta a mí. La muchacha sonríe dichoso, ha vericado ante todos su precio y fuerza física y cada una de las cicatrices constituirán un impuesto de amor hacia el joven saltador, una dolorosa huella que la convertirá en más apreciada y apetecible a los ojos de los varones y con la que podrá conseguir una mayor dote. Una y otra vez el proceso se repite, y una y otra vez el sonido de la palo rasgando las brillantes pieles, una y otra vez las heridas cincelando los cuerpos, una y otra vez la sangre brillando con el reflejo del sol al atardecerh.

Esta vez es una hembra de avanzada edad la que se acerca a único de los muchachos (sólo aquellos que no están casados tienen el derecho de infringir los latigazos) y desafiante le invita a pegarle. El joven se recusa pero la hembra comienza a insultarle y finalmente el varón accede a ejecutar el doloroso rito. Los extranjeros presentes expresamos con una mueca nuestra desaprobación pero ninguno somos capaces de apartar la ojeada ante la hipnótica y cruel danza que se desarrolla ante nosotros.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/ceremonia_hamer_del_latigazo_2628_630x.jpg acto del latigazo

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Mientras, los amigos más cercano del lukulír empiezan a pintarse la faz y beber té en calabazas. El gran instante se acerca. Nos trasladamos hacia otra explanada donde decenas de vacas campan a sus anchas levantando una incómoda polvareda. Un categoría de hombres elegidos proceden a seleccionar a aquellas vacas sobre las que escalará el esbelto cuerpo del muchacho.

Se escucha un murmullo de aprobación. l¿Qué pasa?, ¿qué pasa?r-preguntamos. lSaltará sobre 13 vacas en vez de 10, eso quiere decir que el ukulí es muy valienter. Poco a poco, el desorden da marcha a un orden casi impecable, donde extranjeros y Hamers rodeamos un interesado escenario de 13 vacas colocadas en línea y sujetadas a ambos lados por jóvenes profusamente decorados con pinturas y abalorios.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/ceremonia_hamer_4703_630x.jpg acto Hamer del brinco de la vaca

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Entretanto, el ukulí, con su peinado particular y completamente desnudo se prepara para acometer una de las pruebas más importantes de su vida. Todo el mundo calla y entonces, casi como por arte de brujería, emerge la grácil figura del joven saltando sobre los blancos lomos de los animales. Una, doshcasi se cae, murmullos tres, cuatroh..cinco, murmullos de reciente (esta vez de aprobación) y seis. Estalla la euforia. Pese a que sólo está forzado a hacerlo cuatro veces sucesivas, el joven ha saltado seis ganándose el decoro de los suyos que lo reciben ahora felicitándole y abrazándole.

Pero la jarana para los Hamer no ha acto sino empezar. El sonido de cascabeles se aleja cansinamente hacia otro paraje, esta vez sólo familiar por ellos, donde celebrarán con tanto baile y alcohol al reciente adulto. Nosotras nos retiramos sin hablar, intentando asimilar cada representación, descifrar cada emblema y con la convicción absoluta de haber vivido una de las experiencias más extraordinarias de nuestra vida.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/hamer_5413_630x.jpg Niño Hamer preparándose para la ceremonia

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MURSI

Es, a mi pesar, la fotografía más exitosa del viaje, aquella de una hembra Mursi luciendo un grandioso plato de arcilla incrustado en los labios o aquella otra de un varón luciendo un impresionante dibujo pintado con tiza en todo el cuerpo.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/mursi__5246_630x.jpg Mursi pintándose todo el cuerpo con tiza

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Los Mursi son los más fotogénicos, aquellos que mejor se han mantenido fieles a sus costumbres pero además los más toscos y primitivos lA los Mursi hay que ir a verlos antes de las 11 de la mañanar- nos dice nuestro guía, el agradable Get. lDespués empiezan a beber y se vuelven violentosr. también de esta cruda aviso, Get nos recuerda que estamos obligados a llevar un militar (un lscoutr según la jerga que utilizan) que nos escolte hasta la pueblo mursi. lSimple cautela, es por si algún mursi se pone tontor-nos dice con la mejor de sus sonrisas. l¿Se pone tonto?, ¿qué quiere decir eso idénticamente?r.

Así llegamos, un soleado día de octubre a la pueblo en las proximidades del Parque brujo, con militar y kalashnikov implícito, donde los Mursi nos dan la lbienvenidar con sus mejores poses y el machacón anhelo (casi demanda) de intercambiar fotos por lbirrsr (la moneda etiope). Veo un categoría de turistas metido de colmado en el circo, veo a alguien haciéndose una fotografía vanidoso con dos niños que posan con sendas kalashnikovs (sí, aquí todo el mundo parece tener una de éstas).

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/mujeres_mursi_5181_630x.jpg Mujeres mursi armadas

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En la pueblo, un dañado grupo de chozas con tejado de paja, las mujeres se afanan en las tareas domésticas, moler el sorgo (el cereal con el que elaboran en esta fragmento del nación la injera, una género de pan con el que acompañan casi cada alimento) o pintar los platos de cerámica que comenzarán a insertar en sus labios inferiores cuando llegan a la pubertad y que irán progresivamente aumentando de dimensión hasta la edad en la que contraen matrimonio.

Esta hábito parece remontarse a muchos siglos detrás cuando desde Sudán los traficantes de esclavos acudían a las tierras fronterizas para robar mujeres. Los Mursi idearon una truco para proteger a las suyas y comenzaron a incrustarles una cerámica en sus labios, de manera que los forajidos se alejaban horrorizados ante tan extrañas muchachas. Con el período, el adorno se convertiría en único de los símbolos más reconocibles de las mursi y verdadera dimensión de su belleza: cuanto mayor es el plato más elevadas serán las expectativas de realizar un buen matrimonio.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/mujer_mursi_7623_630x.jpg Impresiona la elaborada cerámica de esta hembra Mursi, preparada para la ceremonia

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Mientras las mujeres trabajan y los niños, que no van a la escuela , se entregan al desvarío de los juegos infantiles, los hombres, siguiendo un patrón que se repetirá en casi todas las tribus que visitamos, yacen ociosos, descansando o entregados con gran agitación al gebeta samai (un juego que consiste en colocar piedrecitas en dos hileras de 12 agujeros cada una para obtener diferentes combinaciones).

Estos vagos recalcitrantes recuperarán sólo su antigua apostura de guerreros cuando participen en la llamamiento Dunga, batalla-festiva entre jóvenes provistos de unas largas varas, en las que los contrincantes que consiguen la triunfo obtienen el derecho a elegir esposa. Desgraciadamente la Dunga está vetada para los extranjeros.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/hombre_mursi_4907_630x.jpg varón mursi con su ligado kalashnikov

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Son las once. Está a calceta de comenzar el ritual cotidiano en el que los hombres Mursi empiezan a beber cerveza y tej (vino de miel artesanal) hasta caer ebrios. Hora de retirarse con el lscoutr y su kalashnikov y nuestros sentimientos encontrados sobre esta etnia tan auténtica y interesante como ruda y primitiva.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/tribu_hamer_8092_630x.jpg clan Hamer en los alrededores del río Omo

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