Maneras de viajar que han cambiado

La primera forma de viajar conocida por el varón fue salir pitando de donde hubiera bichos grandes o glaciaciones. Desde entonces, casi todos los hábitos viajeros han mejorado, pero otros se han quedado como estaban o han vuelto a sus orígenes. No es por señalar, pero ahora que ya se conoce el incendio, que ya se cocinan los animales y las verduras, nos comemos otra vez el pescado crudo o la carne en carpaccio en cualquier lugar donde haya un restaurante italiano o japonés, o sea, en todos.

Maneras de viajar que han cambiado

Pero los cambios que más nos asombran cuando nos paramos a pensarlo son los que han sucedido más últimamente. único se acuerda de cómo era ir al aldea en un 600 hasta arriba de niños o de los autobuses de tapicería acuchillada apta para un arranque de episodio de Se ha carta un crimen y con los ceniceros rebosantes de colillas. Y aunque parezca una medida paralela al mundo contemporáneo de low cost, Aves asépticos o redes sociales de compartir turismos, lo verdad es que nos pasó hace muy poco. Eran las vacaciones de tu infancia.

Se viajaba por carretera. A la playa, al aldea o al río: los viajes se hacían en coche. En unos coches en los que las ventanillas se bajaban mientras te musculabas y el viento acondicionado era sacar una mano fuera. Un tío tuyo había ido en un avión una vez y te enseñó el billete.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201410/little_miss_sunshine_7051_630x.jpg D.R.

Las vacaciones eran una estación. Te ibas con todo, te ibas casi para siempre, porque volvías siendo otro, curtido por el sol y por las pedradas de los niños nativos. Te despedías de los vecinos, de los de tu cole, te reclamaban las deudas y hasta alguien podía agitar un mocador. Porque, diáfano, la personas llevaba en los bolsillos pañuelos de tejido. Tú además.

Cargabas grandes cantidades de almuerzo. Y no almuerzo para almacenar en destino: sólo para el viaje. Bocatas gigantescos, tarteras de dos platos y bolsas de rosquillas, frutas y galletas de chocolate. El viaje era un dilatado y misterioso región en el que había que aprovisionarse de calorías por si la URSS lanzaba los misiles. Y como para ofrecer a todo el tren, porque ellos te ofrecían de todo y aquello se convertía en todos los viajes en un merendero. Comer era el antepasado de ver películas, el antepasado de toquetear el portátil.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201410/jamon_jamon_220_630x.jpg Jamón, jamón

D.R.

La música la canturreabas. Nadie llevaba unos cascos puestos. Cuando se inventó el Walkman había dos o tres tipos del porvenir que se los ponían, pero se les acababan las pilas tanto antes que el viaje. Los cascos eran una diadema rematada en dos esponjas naranjas de discreción distraída. La música no se detenía en las orejas del tipo, se desbordaba con contento por el ambiente.

Hablabas. Ante la escasez de distracción a bordo único tarde o prematuro optaba por hablar. En tu vagón siempre había alguien que conocía a alguien que te conocía a ti, que para eso habíais salido del mismo aldea. Y se oían historias extrañas y hasta aterradoras. El traqueteo hipnótico favorecía las confidencias o quizás es que esos eran los temas habituales en un viaje largo: la defunción y el amor, la prisión y la mili, el Un, dos tres. Al desenlace de un Bilbao-Valladolid te sabías el nombre de toda el grupo del barrio del tipo patibulario de tu derecha y las edades de todas las cuñadas de la dama de enfrente.

Leías periódicos. No existía internet y no podías ver la tele mientras viajabas, así que si no leías periódicos no te enterabas de nada. Eso pasaba mucho: largas temporadas, sobre todo en vacaciones en las que no sabías nada de la personas ni del mundo. ¿Os imagináis?

Te despedía la novia. O la familia o un pila de amigos. Las estaciones eran un lugar al que ir, llenas de personas que se abrazaba, y te sentías anómalo si llegabas tu solo.

El destino era un Destino. El ámbito hace el mensaje, y la ligero herida de espalda que te dejaba un viaje a Santander hacía precisamente de Santander un paraje de resonancias mitológicas, rollo Shangri-Lá.

Si costaba mucho llegar hasta allí, por algo sería.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201410/room_in_rome_7864_630x.jpg Room in Rome

D.R.

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