Rajoy caída su apunte más de la medio en dos años: ¿por qué no conquista a las masas?

En enero de 2012, cuando se publicó la primera oleada de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) tras el vuelco del 20 de noviembre previo, Mariano Rajoy obtuvo en la siempre exigente evaluación ciudadana una puntuación de 4,55 puntos sobre 10. Y antes de aterrizar en Moncloa, tenía un 4,79. No llegaba al aprobado, mas rozaba la calificación de bastante tras una misión electoral que no había sido personalista, sino que estaba más centrada en mensajes como «Por el empleo». En esa carrera a las urnas se quiso, estratégicamente, relegar en ocasiones al postulante popular a un segundo mapa premeditadamente de que era el deterioro del PSOE el que propiciaría sin demasiados problemas el transformación ideológico en la Presidencia. «Rajoy no era ni es un líder carismático. No tiene un liderazgo expuesto a los medios, pese a que como presidente del Gobierno realiza numerosos viajes internacionales, incluso ha sido entrevistado en televisión últimamente y continúa haciendo lo que debe, pero esa carencia de presencia acaba pasándole factura», ratifican expertos de la Opinión Pública consultados, como en este caso el maestro Jordi Rodríguez Virgili, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra. Lo que ocurre por complemento es que ahora está pagando elementos coyunturales que lo han abocado a un 2,22 en el ulterior sondeo (publicado en febrero) del CIS.

Rajoy tenía una calificiación de un 2,78 en la oleada de octubre de 2013, una apunte ya falto, pero con el reciente prueba ha recabado la puntuación más caída de su carrera política y además la peor que ha obtenido en la sucesión histórica de barómetros un máximo mandatario del nación en democracia. ¿Por qué?

Tomar ciertas medidas no dispara la notaMenos de la medio de la puntuación en ecuánime dos años es una bajada, en fragmento, ocasionada por el «desgaste de Gobierno que sufren todos los presidentes en el poder y que está sufriendo» además el gallego. El maestro Rodríguez Virgili, además director del Máster de declaración Política y Corporativa en esa Universidad, colige que ese desperfecto a la vista pública «es obvio en un instante en el que las políticas no son populares, como lo han sido todas las medidas que ha tenido que adoptar en esta primera época de la legislatura». Los politólogos y expertos tanteados suman además el consecuencia rebote de la «desafección política» corriente que padecen ahora mismo los ciudadanos. Un muy desgastado José Luis Rodríguez Zapatero abandonó La Moncloa con el termómetro del CIS colocado en un sonoro suspenso, un 3,06, pero aún estaba por encima de lo que en estos momentos está su sucesor en las huestes socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, además en batacazo neta en la criba ciudadana: recibe un 3 en la última macroencuesta del CIS.

El CIS diálogo a la demografía, es un reflejo de su concepción, de su estado. En estos momentos, Rajoy se ve golpeado por tres factores que explican su apunte, pese a los primeros síntomas de progreso económica: que ésta todavía no es patente para el ciudadano de la vía (el CIS no diálogo al empresariado ni a banqueros, que sí pueden comenzar a advertir los índices de la macroeconomía); que adolece de grandes dotes personales de liderazgo y carisma (el uno cinco que ha recabado del CIS en su trayectoria política sucedió en enero de 2004, a las puertas de las elecciones generales que le enfrentarían a Zapatero, cuando obtuvo un 5,02); y que España atraviesa una conflicto de credibilidad en su clase política. «Cuando las cosas van mal, cuando la posición es mala, a la postre el culpable siempre es el que está en el Gobierno», sintetiza en una frase el consultor político José Luis Sanchís.

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