Tormenta política en el imperio Unido por las inundaciones

Desde que en 1767 empezaron a registrarse datos meteorológicos en imperio Unido, jamás se había dado un mes de enero tan lluvioso. Las intensas precipitaciones no sólo han forzado a desalojar a miles de familias en el suroeste de Inglaterra, sino que han desatado una fornido tempestad política, de la que el primer ministro salió al marcha ayer durante la primera rueda de prensa sobre las inundaciones en Devon. David Cameron se afanó en mostrar su responsabilidad por solventar la conflicto lo antes dable insistiendo en que el dinero «no será un impedimento» y anunció la anulación de su viaje a Oriente ámbito.

Los afectados acusan al Gobierno de no haber implementado a período las medidas necesarias cuando algunas zonas ya sufrían inundaciones desde Navidad e incluso el ministro de Comunidades, Eric Pickles, declaró que no dragar los ríos en los últimos meses constituía «una equivocación». Ante las críticas, Cameron se calzó las botas de agua para solidarizarse con los vecinos de Devon y conocer el alcance del debacle, mientras que el titular de égida, Philip Hammond, visitó Surrey.

La presión además ha forzado al Gobierno a reforzar los servicios de rescate con miembros de las fuerzas armadas, que se han centrado en la disposición de sacos de tierra para caber el agua en el valle del Támesis.

Los vecinos de Surrey y Berkshire han sido evacuados en botes, aunque muchos se resisten a abandonar sus hogares por temor a saqueos, y el transporte público que conecta el suroeste de Inglaterra y Londres se ha convertido en una auténtica pesadilla para miles de trabajadores que se desplazan a cotidiano a la capital.

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