Viaje al santuario de Altamira

El silencio y las sombras envuelven Altamira. Cuando Marta, una de las guías, cierra tras de sí la puerta de entrada a la caverna, por la que no pasaba un visitante desde hace más de una década, el sonido del mundo moderno se apaga y la historia cobra vida. La estancia de los polícromos,la capilla sixtina del arte rupestre, está totalmente a oscuras. Un haz de luz fría ilumina un bisonte y la piel rojiza del animal brilla con la humedad de la caverna. La guía, que conoce la brujería que desprende esa bóveda, donde el varón empezó a contar las primeras historias, tutela silencio. Dan escalofríos al pensar que estoy en la caverna donde empezó la historia del varón.

Viaje al santuario de Altamira

Es el día de lareapertura de Altamira, un instante histórico para Cantabria, que recupera su mayor reclamo turístico. Los cinco agraciados en el sorteo para entrar, Andrea Vicente, Javier Miguel Ors, Carolina Pardo, Antonio Díaz y un servidor, viajamos hacia el Paleolítico. La visita empieza por la Neocueva para familiarizarse con las pinturas y con los finos grabados, tan difíciles de encontrar sin la sistencia de los guías. El director científico del Programa de Conservación Preventiva, Gaël de Guichen, y una imagen de los 48 investigadores participantes en el idea esperan a la partida de la Neocueva. «Hoy sois fragmento del experimento», explica De Guichen. «Y vais a ente testigos de algo muy emocionante».

Vestidos como buzosAntes de entrar en la caverna hay que equiparse para disminuir al máximo el choque sobre la propia caverna. El Museo nos viste con un buzo que reduce al máximo la transmisión de bochorno corporal la temperatura de la caverna es de 14 grados constantes y cualquier modificación es perjudicial, unas botas de plástico y una mascarilla. Las guías, María Luisa Cuevas y Marta Martínez, llevan también dos potentes linternas de luz fría.

abcTecho de los polícromos

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Publicidad
Ofertas de Viajes